En varias ocasiones he hablado de Cloe, sin la cual este blog no existiría. Pero ¡no la he promocionado! Pues bien, para quien esté interesado en la novela, está publicada por Bohodón Ediciones, y la podéis comprar a través de la Casa del Libro, El Corte Inglés o muchas de las pequeñas librerías online.
Blog dedicado a compartir experiencias, preocupaciones y dudas sobre la anorexia, para poder resolver esas inquietudes que no nos atrevemos a exteriorizar con facilidad.
lunes, 30 de septiembre de 2013
¡1000 Visitas!
Bueno, aunque no habitúe a escribir entre semana, quería agradecer el aumento a número de tres cifras de las visitas del blog... ¡por fin llevamos 1000! Mi más sincera gratitud, espero que esté sirviendo de ánimo y apoyo a, al menos, una persona con algún trastorno de alimentación en el globo terrestre.
¡Un fuerte abrazo, os espero por aquí!
domingo, 29 de septiembre de 2013
Contraportada Cloe: la lucha por sobrevivir
"Cloe: la lucha por sobrevivir es una novela positiva, cuyo eje central será la superación constante por superar los obstáculos que te impone la vida. Con ella también se pretende abrir la mente de los lectores frente a una enfermedad muy conocida pero difícil de entender, la anorexia, mediante los pensamientos y vivencias de su protagonista y demás afectadas por la enfermedad.Además, no debemos dejar de lado el recorrido por la vida de Cloe, que sin duda nos dejará momentos llenos de ternura, algunas risas y, por supuesto, mucho amor."
sábado, 28 de septiembre de 2013
Ya estamos en otoño
Creo que no lo he comentado hasta ahora, pero soy amante de la naturaleza y todo lo que ella contiene. Esta semana hemos entrado en el otoño (disculpas a los lectores y lectoras del otro lado del charco, que vosotr@s estrenáis la primavera) y, como todas las estaciones, tiene su propio encanto. A muchos les resulta triste; a mí, en cambio, mágico. Hoy quería comentaros el efecto relajante (y por ello, en mi caso, terapéutico) que tiene la naturaleza.
Cuando mis fuerzas flaquean por cualquier motivo, me encanta escaparme a cualquier rincón perdido de mi provincia a disfrutar del silencio, la brisa, el olor a hierba fresca, y si le añades un riachuelo o lago, me lleno de paz. Hay que saber pararse a contemplar estos pequeños espectáculos gratuitos, olvidarse de lo demás y concentrarse en la belleza de la naturaleza. Además, en estas excursiones es un gran pasatiempo convertirte en fotógrafo profesional: ya me veis tirada en el suelo, entre barro, piedras y hojas, para hacerle una foto a una mariposa que se haya posado; o buscando el ángulo perfecto para captar el movimiento de la rama de un árbol. Me encantan estas cosas... Os las recomiendo de veras.
Y desde luego, ir a la naturaleza es hacer deporte del bueno. Senderismo puro y duro, de manera que podéis hacer un poco de ejercicio sin llegar a extremos que muchas tenéis prohibidos. Paz, deporte, naturaleza y diversión. Todo en uno y gratis. ¿Alguien se anima?
Imagen: pixabay.com
viernes, 27 de septiembre de 2013
Para las y los fagofóbicos
¡Buenas! Ante todo, mis disculpas por la inactividad que he de llevar entre semana en el blog... Las clases y trabajos me consumen.
Hoy quería tratar de mostrar mi más profundo apoyo y algunos consejos de primera mano contra la fagofobia. Como ya sabéis los que hayáis leído el blog, éste fue mi trastorno de alimentación. Qué difícil es convencerte a ti mismo al 100% de que no pasará nada la próxima vez que comas. Que has masticado bien y ningún problema físico te impedirá tragarte la comida.
Pues bien, está es la lucha diaria y constante de quienes padecen fagofobia. Yo, después de "recordar" en cierto modo cómo se comía, tan solo a base de zumos, batidos o potitos de bebé, comencé con sándwiches para volver a la comida sólida. No desesperéis si sois lentos. Yo tardaba de media cinco horas en comerme medio sándwich. Y cuando ya era un poco más rápida, tenía que comérmelo entero. Al principio, eso es lo de menos: lo importante es volver a comer, masticar la comida hasta el punto necesario para estar seguros de que no nos podemos atragantar. Con el tiempo, se va adquiriendo seguridad y hay que añadir más alimentos sólidos, más retos. Y cada vez en menos tiempo. Está claro que nunca haremos una competición para ganar un concurso de comida en un minuto, pero podemos llegar a alcanzar una velocidad medianamente normal. Yo suelo tardar unos 30-40 minutos en comer, cuando los demás suelen tardar 20. Pero obviamente, yo más feliz que una perdiz.
No desesperéis, de esto también se sale. Como en cualquier trastorno de alimentación, la base es el autocontrol. Con la anorexia nerviosa, compartimos la necesidad de combatir la ansiedad durante el día. Es necesario estar siempre haciendo cosas para distraerse, por eso está la sección de recursos. Y durante la comida, también hay que distraerse. No importa cómo. Lo importante es no pensar en que estás comiendo, vamos, convertirlo de nuevo en un acto natural. Y al final lo será, creedme. La lucha más grande que tenéis que lidiar es contra el pánico: no perdáis el control de la situación, respirad hondo y relajad los músculos. Tendréis media batalla ganada.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Para quienes piensan en tirar la toalla...
La vida no será siempre un infierno. Parece que esteis destinadas a sentiros siempre como una mierda, pero no es así. Luchad, luchad por tener una vida normal. Por ir de cena con amigas. Por marcharos a un viaje sin preocupaciones. Por dormir tranquilas por las noches. Por no volver a sentir taquicardias a las horas de comer. Luchad y seguid luchando, que sois jóvenes y los años os depararán muchas felicidades para recompensar todo vuestro esfuerzo. Adelante, la decisión es vuestra.
sábado, 21 de septiembre de 2013
Correo electrónico de apoyo
Me he dado cuenta que puse el correo dentro de otra entrada y quizá much@s no os hayáis dado cuenta. Os lo dejo en esta entrada y lo colocaré también en algun lado visible del blog de forma permanente:
cloelaluchaporsobrevivir@gmail.com
Recordad que aquí responderé vuestras dudas y os apoyaré en lo que pueda, de manera privada.
cloelaluchaporsobrevivir@gmail.com
Recordad que aquí responderé vuestras dudas y os apoyaré en lo que pueda, de manera privada.
La vuelta a las rutinas y su repercusión
¡Muy buenas! Como algunos habrán notado, el blog está algo más inactivo. Ello se debe a que ya ha acabado el verano y me encuentro inmersa en pleno curso nada más empezar: último curso de la carrera, bendito estrés.
Sin embargo, de eso quería hablar. Para mí, los estudios fueron (y siguen siendo) la mejor forma de evasión que tengo. Cuando estuve con el trastorno, nadie daba por mis estudios ni un duro. Fue de las primeras cosas que dijo la psiquiatra, que en estos casos, el curso escolar está perdido. Pues vaya si se equivocó. Desde luego no saqué las notas brillantes de costumbre, pero ni una sola asignatura se me escapó, y eso que faltaba a clase cada dos por tres por culpa de la enfermedad. Pero aquello no me frenaba, sino más bien al contrario. Desde entonces, si me noto que puede acercarse un pequeño bache alimenticio, me cebo con los estudios y pienso: "No, ahora tus neuras no. No tienes tiempo y estudiar es mucho más importante. Déjalo para otro día". Es fantástico el poder que puede tener la responsabilidad y el deber, la verdad.
Sin embargo, de eso quería hablar. Para mí, los estudios fueron (y siguen siendo) la mejor forma de evasión que tengo. Cuando estuve con el trastorno, nadie daba por mis estudios ni un duro. Fue de las primeras cosas que dijo la psiquiatra, que en estos casos, el curso escolar está perdido. Pues vaya si se equivocó. Desde luego no saqué las notas brillantes de costumbre, pero ni una sola asignatura se me escapó, y eso que faltaba a clase cada dos por tres por culpa de la enfermedad. Pero aquello no me frenaba, sino más bien al contrario. Desde entonces, si me noto que puede acercarse un pequeño bache alimenticio, me cebo con los estudios y pienso: "No, ahora tus neuras no. No tienes tiempo y estudiar es mucho más importante. Déjalo para otro día". Es fantástico el poder que puede tener la responsabilidad y el deber, la verdad.
viernes, 13 de septiembre de 2013
martes, 10 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
Coincidencias de la vida...
¡Muy buenas! Hoy quería aclarar algo sobre la novela. Como ya he comentado, su protagonista se llama Cloe, una niña de familia acomodada que vive en un pueblo de Valencia. Sin embargo, navegando por internet, me topé hace poco con el caso de Chloé, una modelo francesa que también escribió un libro sobre la anorexia y su superación, siendo en este caso una autobiografía.
Pues bien, aclarar que el nombre de mi prota no tiene nada que ver con esta otra luchadora nata, ya que se trata de una bonita coincidencia, puesto que yo desconocía el caso de la Chloé francesa hasta hace bien poco... Una mujer de ficción y otra real, ambas unidas por un nombre y una misma lucha común: recuperar el control de sus vidas.
Pues bien, aclarar que el nombre de mi prota no tiene nada que ver con esta otra luchadora nata, ya que se trata de una bonita coincidencia, puesto que yo desconocía el caso de la Chloé francesa hasta hace bien poco... Una mujer de ficción y otra real, ambas unidas por un nombre y una misma lucha común: recuperar el control de sus vidas.
viernes, 30 de agosto de 2013
¡Celebramos el medio millar de visitas con Cloe!
¡Qué bien suena eso! Aunque tan sólo una valiente se atrevió a comentar una entrada, agradezco a todos aquellos que hayan entrado el tiempo que hayan dedicado a este blog. Hoy, para celebrar las 500 visitas que ya hemos superado, os dejo un pequeño fragmento de la novela:
Cuando tienes un problema de alimentación, cualquier pequeño logro se convierte en la más grande de las victorias, ¿no es cierto? Felicidades a todos y todas los que vayáis consiguiendo día a día esas victorias.
-”No les hagas caso… Solo cómetelas. Ni las mires. Vamos, pensaré en otra cosa… ¿Qué haré hoy en el taller? Puede que termine el mantelito de ganchillo, o…”-pensaba con las manos temblorosas mientras cogía el tenedor con el primer trozo de croqueta.-”No sé qué estarán haciendo ahora mis amigas… ¿Iris estará con ese chico? ¿Y cómo será? ¿Tendré alguna vez novio…?”-el trozo de croqueta ya estaba triturándose en su boca.-”Alguna vez iré con Alba a la discoteca… ¿falta mucho para que venga mamá? ¿David habrá preguntado por mí hoy cuando ha visto que ya no estoy…?”-la croqueta ya había bajado por su garganta y Cloe se disponía a meterse otro trozo.-¡Sí!-gritó con gran alegría, para desconcierto de la enfermera.-¡Me lo he tragado!
Cuando tienes un problema de alimentación, cualquier pequeño logro se convierte en la más grande de las victorias, ¿no es cierto? Felicidades a todos y todas los que vayáis consiguiendo día a día esas victorias.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Terapia animal
Hoy quiero hablaros de los grandes beneficios que puede suponer una mascota (siempre y cuando el paciente sea amante de los animales y responsable con ellos) para personas con casi cualquier tipo de enfermedad, aunque tan sólo veremos el caso de los trastornos de alimentación.
Yo he tenido la gran suerte en esta vida de contar con el mejor psiquiatra del mundo, mi chinchilla Pipo (es una especie rara, pero cada vez más valorada como mascota). Cuando estaba en uno de los puntos más críticos de mi recuperación, en los inicios de comer sólidos, mi madre me ofreció la posibilidad de adoptar al animal que yo quisiera, puesto que conoce la pasión que tengo por ellos y sabe que hago cualquier sacrificio por ellos. Entonces, mi sacrificio iba a ser esforzarme en comer.
Decidí sin pensarlo demasiado que quería una chinchilla (la gran mayoría de ellas acaban siendo un abrigo...) y así fue como en navidades llegó a mí Pipo, a quien bauticé nada más verle. Lejos de reacciones extrañas, cuando lo vi en medio del comedor, abrí la jaula, le acaricié sonriente y le dije: "Hola, Pipo." Así sin más.
Se convirtió en mi paño de lágrimas, le contaba lo que no le decía a nadie, y me lo colocaba al lado mientras comía. ¿Para qué? Porque viéndome a su lado quería salir a jugar conmigo, y de esa forma yo daba lo que fuera por él: comía más rápido, más cantidad. Él estaba a mi lado y me animaba.
Conozco otro caso, de un chico que estuvo ingresado en la UTA, que se puso el turbo para recuperarse y tuvo un aliciente en el hospital: por la ventana veía siempre una familia de gatitos, su animal predilecto. Sabía que cuando se recuperara, tendría el suyo propio, y así fue. Ahora se ha creado entre ellos un vínculo tan grande como entre Pipo y yo. Inseparables. Especiales.
Pero repito: no a todo el mundo le benefician los animales si no se saben manejar, ni todos los animales pueden resultar adecuados. Ni todo el mundo está hecho para convivir con una mascota después de las primeras semanas o meses, cuando todo parece fantástico... Yo siempre lo he sabido, y ahora me toca a mí cuidar de Pipo: está mayor y le medico todos los días, mañanas y noches. Y le doy papilla. En fin, le estoy cuidando como él hizo conmigo.
Yo he tenido la gran suerte en esta vida de contar con el mejor psiquiatra del mundo, mi chinchilla Pipo (es una especie rara, pero cada vez más valorada como mascota). Cuando estaba en uno de los puntos más críticos de mi recuperación, en los inicios de comer sólidos, mi madre me ofreció la posibilidad de adoptar al animal que yo quisiera, puesto que conoce la pasión que tengo por ellos y sabe que hago cualquier sacrificio por ellos. Entonces, mi sacrificio iba a ser esforzarme en comer.
Decidí sin pensarlo demasiado que quería una chinchilla (la gran mayoría de ellas acaban siendo un abrigo...) y así fue como en navidades llegó a mí Pipo, a quien bauticé nada más verle. Lejos de reacciones extrañas, cuando lo vi en medio del comedor, abrí la jaula, le acaricié sonriente y le dije: "Hola, Pipo." Así sin más.
Se convirtió en mi paño de lágrimas, le contaba lo que no le decía a nadie, y me lo colocaba al lado mientras comía. ¿Para qué? Porque viéndome a su lado quería salir a jugar conmigo, y de esa forma yo daba lo que fuera por él: comía más rápido, más cantidad. Él estaba a mi lado y me animaba.
Conozco otro caso, de un chico que estuvo ingresado en la UTA, que se puso el turbo para recuperarse y tuvo un aliciente en el hospital: por la ventana veía siempre una familia de gatitos, su animal predilecto. Sabía que cuando se recuperara, tendría el suyo propio, y así fue. Ahora se ha creado entre ellos un vínculo tan grande como entre Pipo y yo. Inseparables. Especiales.
Pero repito: no a todo el mundo le benefician los animales si no se saben manejar, ni todos los animales pueden resultar adecuados. Ni todo el mundo está hecho para convivir con una mascota después de las primeras semanas o meses, cuando todo parece fantástico... Yo siempre lo he sabido, y ahora me toca a mí cuidar de Pipo: está mayor y le medico todos los días, mañanas y noches. Y le doy papilla. En fin, le estoy cuidando como él hizo conmigo.
lunes, 26 de agosto de 2013
Recuerdos adolescentes
Ayer por la tarde me acordé de un suceso que tuvo lugar cuando yo peor estaba con mi enfermedad. Iba con mi mejor amiga de aquel entonces paseando por la playa en que yo veraneaba. Y entonces, no sé como salió el tema, pero me dijo que la noche anterior se había provocado el vómito porque comió "demasiado".
Yo había llevado en secreto mi trastorno, tan solo lo sabía mi familia, porque sentía que si les decía a mis amigos con 13 años que no comía porque me daba miedo tragar, no me entederían. Pero en ese momento estallé, y sin más le crucé la cara de un bofetón a mi amiga. Y lo solté todo.
"¡Yo quiero comer, pero de verdad que no puedo, es superior a mí!" le dije. "Y tú, que no tienes ningun problema para tragar, que puedes comer tranquila, lo has vomitado porque quieres." No es que no entendiera que mi amiga estaba cayendo en un gran problema, sino más bien al contrario: lo que vi es que una persona a la que quería casi como una hermana se iba a meter en el mismo infierno en que yo llevaba medio año sin salir. Que su vida se iba a convertir en una pesadilla cada vez que se levantara. No lo podía permitir.
Cada día me dediqué a preguntarle qué había comido, y vomitó unas pocas veces más, pero no perdió demasiado peso. Al año nos distanciamos y cambiamos de amistades, pero pude ver con alivio que había subido algo de peso y se veía muy saludable. Estuvo a punto de caer al pozo pero, por suerte, se le quitó la idea de la cabeza antes de acabar metida de pleno en la anorexia.
Desde aquí hago alusión a todas aquellas niñas que aún no han caído, a esas que dicen: seré anoréxica hasta que adelgace x kilos y luego lo dejaré, a esas que creen que lo podrán controlar. No, queridas, esto es como el tabaco: una vez empiezas, es muy difícil quitártelo de encima. Yo no comía por miedo, y no sabéis lo que me duele saber que al mismo pozo se puede entrar por no querer comer. Caminos distintos, pero mismo doloroso destino.
Yo había llevado en secreto mi trastorno, tan solo lo sabía mi familia, porque sentía que si les decía a mis amigos con 13 años que no comía porque me daba miedo tragar, no me entederían. Pero en ese momento estallé, y sin más le crucé la cara de un bofetón a mi amiga. Y lo solté todo.
"¡Yo quiero comer, pero de verdad que no puedo, es superior a mí!" le dije. "Y tú, que no tienes ningun problema para tragar, que puedes comer tranquila, lo has vomitado porque quieres." No es que no entendiera que mi amiga estaba cayendo en un gran problema, sino más bien al contrario: lo que vi es que una persona a la que quería casi como una hermana se iba a meter en el mismo infierno en que yo llevaba medio año sin salir. Que su vida se iba a convertir en una pesadilla cada vez que se levantara. No lo podía permitir.
Cada día me dediqué a preguntarle qué había comido, y vomitó unas pocas veces más, pero no perdió demasiado peso. Al año nos distanciamos y cambiamos de amistades, pero pude ver con alivio que había subido algo de peso y se veía muy saludable. Estuvo a punto de caer al pozo pero, por suerte, se le quitó la idea de la cabeza antes de acabar metida de pleno en la anorexia.
Desde aquí hago alusión a todas aquellas niñas que aún no han caído, a esas que dicen: seré anoréxica hasta que adelgace x kilos y luego lo dejaré, a esas que creen que lo podrán controlar. No, queridas, esto es como el tabaco: una vez empiezas, es muy difícil quitártelo de encima. Yo no comía por miedo, y no sabéis lo que me duele saber que al mismo pozo se puede entrar por no querer comer. Caminos distintos, pero mismo doloroso destino.
Confía en quien te quiere, no estás solo/a
Imagen: pixabay.com
domingo, 25 de agosto de 2013
viernes, 23 de agosto de 2013
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